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lunes, 17 de noviembre de 2008

Tentaciones

Otra vez mi mirada furtiva se entretiene con un deseo ilegal -no sé si es ilegal la palabra correcta-. Mi deseo es censurable y lo sé. Pero no puedo evitar entretener mi mirada con esos pájaros que vuelan por delante de mi ventana, los envidio y los deseo.
Yo lo llamo deseo, siempre lo llamo deseo. Yo diría que el deseo duerme en mi pecho, sí, lo diría así. Otra mirada ¿Cómo puedo explicar que es ansiado ese dolor que me causa el azul del cielo cada vez que se clava en mis ojos? Siento el frescor del aire y la brisa que me llama...
Se me escapa un suspiro cada vez que un pájaro atraviesa el viento, cegando por unos momentos, los rayos que el sol me envía, compadecido, para calentar mi pecho. Un último vistazo antes de dejar caer mis párpados. Pero siguen ahí... sé que sus ojos siguen mirándome y clavándose en mis más íntimas envidias.
Y mi suspiro tiembla porque sabe la verdad. Me muerdo los labios deseando morderme el corazón. No soy capaz de llorar.
No quiero volver a mirar, porque esas alas me hacen demasiado daño. Tengo miedo a mirar pero tengo ganas de hacerlo, deseo entretener mis ojos con la belleza que revolotea ante mi ventana, imaginar alas sobre mi cuerpo, aleteando en mí y llevándome a la isla donde los sueños que todos limpiamos se despiertan y estremecen el cuerpo.
Cierro los ojos y miro mi cuerpo, y veo una gris escultura que toma vida, se hace de carne y hueso haciendo latir con demasiada fuerza mi pecho... Toma carne y toma vida y refleja, cuando mira, la oscuridad en la que vivo cada noche en cada uno de sus ojos cóncavos. Y mientras yo la miro, esculpo con mis ojos un nuevo movimiento en ella, un suave, demasiado suave movimiento más.
Revoloteo aquella isla y en montes de azufre abraso mi suspiro, y me acerco deprisa a esas playas que me huyen. Siento mis pies sobre la arena caliente y noto como el viento golpea, araña, acaricia y besa apasionado mi rostro... arranca mi ropa a jirones y mi pecho desnudo deja libre para siempre mi suspiro... suspiro, y grito, y grito con fuerza. Y me arrojo al mar que me empapa, que sacia mi sed, que abraza mi cuerpo y humedece mis pupilas que ya no saben llorar.
Bajo mi mirada, me sereno... duerme, mi deseo poco a poco se apaga, se cansa y apoya su cabeza en los latidos de mi corazón. Mi suspiro es parte de mí.
Hoy he vuelto a resistir al vuelo de las aves y a las alas de mi deseo. Ahora que duermo, vuelvo a tenerlo claro... no voy a poder volar.
Al fin y al cabo, no soy más que una escultura ante una ventana.

8 cosas que me dicen:

Mario dijo...

Esa escultura que asoma por la ventana es humana, y como tal, no puede dejar de mirar cuando hay algo que tanta vida le provoca. Porque, esas visiones hacen que el corazón lata con más fuerza. Ese deseo es pasión y esa pasión es vida.
No huyas de los pájaros que se aparecen en tu ventana. Cuídalos y ámalos. Ellos te llenaran la vida de muchas más sonrisas de las que ya poseas.
No podemos dejar de lado todo aquello que nos llama. No huyas de sus llamadas. Y si has de sentir el beso del viento cuando abras la ventana, no lo desprecies.

Un abrazo.
P.D. Bonita prosa poética.

Eria.. dijo...

Jolín con el pinito poético, que bien escribes. Me has sabido transmitir perfectamente esa sensación que me parece tan intima tuya y he podido comprender tu necesitada victoria. Precioso, si señor. Besitos varios.

Alfonso dijo...

¿Sabes cuál es la peor cárcel? La de cristal.

Alexandro Magno dijo...

Dicen que decía San Francisco de Asís: "Deseo poco, y lo poco que deseo, lo deseo poco".
Ya dijiste que sos sacerdote, pero, en tu intimidad, crees que es posible que, habiendo reencarnación, en tu pasado hayas sido un pájaro? Un aguila? un gorrión? un halcón? una paloma?

Un cura dijo...

Gracias por vuestras felicitaciones. No acostumbro a dar a conocer mi poesía (aunque sea prosa, vamos). Me anima saber que os ha gustado.
Mario, gracias por tu ánimo. Tu consejo es bueno, sin duda, hay que aprovecharlo todo en la vida... la escultura de la ventana puede disfrutar del viento, pero pobre de ella como eche a volar. ¿No crees?
Eria, gracias por el piropo, me alegro que te guste como escribo. Espero poder seguir ofreciendo algo.
Alfonso, la cárcel de cristal es mala, ciertamente, porque permite ver aquello de lo que estamos privado. Sin embargo, no hay nada más cruel que cerrar los ojos a todo. Eso de ojos que no ven... es un mal consejo, muchas veces, porque no nos deja siquiera vivir, o al menos saber qué posibilidades de vida hay.
Alexandro Magno, como no creo en la reencarnación no creo haber sido pájaro nunca (ni tengo mucho aspecto)... la belleza de lo que no se tiene ni nunca se tendra, es a veces lo que más se desea ¿no crees? Gracias por la frase de San Francisco, me la apunto.
Gracias a todos.

ANTONIO SEBASTIÁN dijo...

Hay muchas cosas en este escrito tuyo que me hacen reflexionar.
Yo, lloro bastante, y con demasiada frecuencia a destiempo, por no sé que de mecanismo interior averiado. En cualquier caso me gusta llorar, si el alma me saca las lágrimas a la cara.
Ahora me voy a dormir, pero quiero entrar par ver y leer tu blog más detenidamente, y por supuesto para leer esta escrito con más detenimiento. Estos últimos días no estoy muy en forma.
Muchas gracias
ANTONIO

ANTONIO dijo...

Amigo, se libre no te atormentes lánzate a la aventura del amor siendo honesto,respetuoso y sobre todo adulto con respecto a esos pajarillos, no te sientas vigilante, estua, eres de carne y de hueso, por eso dejará el hombre a sus padres y se unirá a una mujer, o en algunos casos ..........., se feliz.

pato dijo...

Yo solo se que disfruto su blog y que agradezco que este aquí!